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Algunos apuntes y conceptos sobre el trabajo del curador en el museo

Este artículo se encuentra publicado en: El Aldabón. Gaceta Interna del Museo Nacional de las Culturas del Mundo N. 29, 2019. Ed. INAH. México. pp. 15-22. cfr.: http://www.museodelasculturas.mx/

Un museo es una institución dedicada a crear conexiones… un punto de encuentro entre dos flechas del tiempo: el pasado y el futuro; y dos flechas de la complejidad: mayor y menor; que se originan en el punto en el que estamos y en el ahora. En otras palabras, los museos son la cuarta dimensión. Joe Hanson, 2017.

Cuando se visita un museo -de cualquier índole- y se recorren sus salas de exhibición se pueden apreciar piezas de todo tipo: arqueológicas, etnográficas, históricas, artísticas, científicas y demás clasificaciones que se nos ocurran (incluso “museográficas”). Estas obras contienen información sobre los más variados aspectos del tiempo y el espacio en que fueron elaboradas y son producto y reflejo de la sociedad que las produjo -ya sea pretérita o contemporánea-. En este sentido, los museos permiten tener un especial acercamiento y estudio a las culturas que exponen, ya que son depositarios y participes dinámicos de un proceso de creación de información sobre las mismas. Al respecto, Luis Caballero Zoreda comenta:

El Museo es un lugar donde se concentra una gran cantidad de información. Esta información posee un carácter especial, pues su soporte es lo que denominamos “cultura material”, formada por objetos de los más variados tipos. Esta información es no escrita o, dicho de otro modo, su especificidad no es la de estar “escrita”. Por ello el proceso que se desarrolla en el centro de información que es el Museo posee unas características especiales… Si los fondos (las piezas) son el soporte de la información en los Museos y en ellos existen piezas de todo tipo; la información desemboca en el público, en toda clase de público. Cualquier persona puede ser receptora de información en el Museo que es por ello, específicamente, un centro público. Sólo si conjugamos las características de ser un banco de datos de la cultura material con el de ser informador de un horizonte universal de usuarios, podemos entender la personalidad y la complejidad del proceso de información en el Museo… Por una parte se encuentran los fondos, objetos materiales que llevan consigo unos datos que se pueden leer directamente. En este sentido los fondos son el primer informante del Museo y su información se ofrece directamente al usuario, el cual es capaz de disfrutar esta información en mayor o menor medida directamente. Por ejemplo el público visitante en las salas de exposición; o el usuario-investigador, en las salas de trabajo reservadas a él. Por otra parte, observamos que el propio objeto, desde el momento de su descubrimiento, produce con él una información paralela que alguien acopia, recoge y traslada al Museo. A las personas vinculadas a esta etapa de información al Museo, las hemos denominado también “informantes”. (Caballero, 1986: 260-262).

Como se mencionó en la anterior cita; uno de los aspectos más importantes en un museo es la información, la cual -a pesar del halo científico y objetivo que tenga- es creada por personas de carne y hueso que, en muchas ocasiones, pasan totalmente desapercibidas para el público. A estos personajes se les conoce con el nombre de “curadores”, término que más de las veces causa desconcierto y confusión. De tal manera, las preguntas naturales que surgen son: ¿quién es y a qué se dedica un curador? ¿es un médico y utiliza equipo quirúrgico para “curar” a las piezas cuándo tienen un accidente en el museo? ¿es algún tipo de médico-brujo que realiza “curaciones espirituales” a las obras? ¿se puede estudiar en alguna universidad “algo” para tener el “título” de curador? ¿existe trabajo para los curadores y se pueden encontrar anuncios clasificados con el encabezado “se solicita curador experto para…? Con el fin de tratar de dar respuesta a algunas de estas interrogantes (sobre las últimas creo será imposible, aunque en la figura 1 pueda encontrarse alguna respuesta) en estas breves líneas describiré algunas de las tareas más relevantes que realiza un curador en un museo.

Figura 1. “Types of suicide” de la serie Artoons (2016) de Pablo Helguera (CC BY-NC-SA 4.0).
Figura 1. “Types of suicide” de la serie Artoons (2016) de Pablo Helguera (CC BY-NC-SA 4.0).

Sobre el vocablo y definiciones

La palabra curador proviene del latín cvrator, término que designa a la persona encargada de “cuidar” o custodiar algún bien. En el Quattrocento -el siglo XV- durante el Renacimiento Italiano, también se le llamó cvrator a la persona encargada de la edición de libros. A partir del siglo XX el término se utiliza en el medio de los museos y las artes plásticas para nombrar a las personas encargadas de formular e implementar discursos que buscan la comunicación entre una colección de bienes culturales y el público. Sobre estas “definiciones” Juan Darío Restrepo Figueroa añade:

Inicialmente al curador se le llamó conservador porque tenía por misión “conservar con cuidado escrupuloso las imágenes de Dios”. Así, el conservador debía guardar los tesoros que le habían sido confiados por delegación de una autoridad superior como un emperador, un rey o el Estado. Un curador estudia, clasifica, establece categorías de análisis, contenidos temáticos, redacta guiones, instaura y supervisa normas técnicas, documenta materiales culturales y difunde conocimiento al público… la misión de un curador es abrir nuevos caminos y asegurar la sobrevivencia de los principios éticos y estéticos. Este imaginario es sólo el comienzo de una “nueva”, compleja y vital misión que involucra la consecución, dirección, administración, legislación, documentación, conservación y comunicación de colecciones institucionales que confieren al curador el poder para determinar los grados de aceptación de “un objeto que debe ver el público”… (Restrepo, 2009: 12).

De tal manera, se puede considerar al curador como el “autor intelectual” de una exhibición museística. Por lo general, el curador debe ser un especialista en alguna área del conocimiento que tenga relación sobre las temáticas y vocación del museo. Por tal motivo, debe conocer y tener acceso a las colecciones que están a su cargo (ver figura 2). El curador desarrolla, a lo largo del espacio de exposición, un argumento narrativo. Utiliza los objetos de una colección, presentándolos y combinándolos de tal manera que “cuenten una historia.” Este es un proceso dialéctico entre la objetividad y la subjetividad. El curador debe tener noción de cómo conservar en buen estado los objetos que propone exponer y también debe tener nociones sobre museografía y diseño; ya que estas disciplinas inciden directamente en la realización de una exposición. Al respecto, Juan Darío Restrepo Figueroa añade:

La curaduría ejercida desde las instituciones museales se define a partir de la triada que soporta un museo: conservar (coleccionar, almacenar y preservar), estudiar (investigar y describir) y comunicar (exhibir y difundir). Además, reporta dos niveles de beneficios: uno directo para la comunidad, porque procura la preservación del patrimonio cultural material y el registro del patrimonio intangible por medio de actividades tales como: coleccionar, catalogar y conservar. Y otro para el visitante individual a través de: exhibiciones, interpretaciones y publicaciones. La práctica curatorial en los museos es un ejercicio que busca dinamizar la actividad museal a partir de la investigación de las colecciones, con el objetivo de difundirlas a los públicos que visitan cada una de las instituciones. (Restrepo, 2009: 12-13).

Figura 2. El egiptólogo William Matthew Flinders Petrie (1853-1942) fungiendo como curador (c. 1931) para el Petrie Museum of Egyptian Archaeology del University College London.
Figura 2. El egiptólogo William Matthew Flinders Petrie (1853-1942) fungiendo como curador (c. 1931) para el Petrie Museum of Egyptian Archaeology del University College London.

Sobre las tareas y trabajo

El curador actúa como una especie de “director de orquesta sinfónica” (personalmente -tal vez por ser melómano- prefiero esta definición en vez de “gerente general” la cual también se utiliza). Sus funciones son variadas y entre las más representativas se encuentran:

  • -Investigar y contextualizar los objetos de la colección a su cargo.
  • -Seleccionar las obras que estarán presentes en una exposición.
  • -Desarrollar el catálogo razonado de la colección a su cargo.
  • -Establecer y gestionar conexiones con museos y centros culturales afines.
  • -Elaborar el discurso conceptual de la exposición.
  • -Intervenir y asesorar durante el montaje de la exposición.
  • -Revisar y asesorar los medios educativos y de difusión de la exposición.

Asimismo, Juan Darío Restrepo Figueroa también comenta sobre, tal vez, las más importantes actividades curatoriales: la creación de la -en últimos tiempos célebre- tesis e investigación:

Toda exposición (individual, colectiva, histórica, etc.) debe presentar a los públicos del museo una tesis, es decir, un concepto de alguien (un investigador, un curador, un académico) sobre algo (un período, un acontecimiento, una persona, etc.). Ese concepto debe ser el eje narrativo que sirve de guía para seleccionar cada uno de los objetos que se exhiban y para guiar la redacción de todos los textos de la sala… Las tesis que desarrolle cada exposición debe evidenciar un alto nivel de investigación y rigor histórico… La investigación es un trabajo crítico “que tiene por finalidad descubrir hechos nuevos, interpretados correctamente, revisar conclusiones o las teorías admitidas”. Las investigaciones que sustentan los proyectos expositivos de los museos serán desarrolladas en cada uno de los diferentes temas que sustentan las exposiciones. Como todo proceso de estudio, la investigación expositiva posee una metodología que va desde su concepción, hasta la implementación y desarrollo del proyecto expositivo. Sin importar la metodología que desarrolle el curador, las personas naturales o jurídicas que participen en las exposiciones deben producir una investigación que después se transforme en guiones: instrumentos que harán posible la materialización espacial del proyecto. (Restrepo, 2009: 20-21).

Como se señaló, una de las más importantes actividades que desempeña el curador es la contextualización espacial y temporal de los objetos de la colección a su cargo; esto se logra a partir de proyectos de investigación generales o particulares que, en la mayoría de los casos, tendrán como resultado el descubrimiento de nueva e importante información que se añadirá al status quæstionis del conocimiento que se tenga sobre una cultura o tema específico (ver figura 3). En este sentido, es indispensable contar, por lo menos, con la información básica de cada una de las obras de la colección que el curador investiga; una forma de lograrlo es formular y tratar de responder las siguientes preguntas:

  • ¿Qué es el objeto?
  • ¿De qué́ material está hecho?
  • ¿Pará qué se hizo?
  • ¿Quién lo hizo?
  • ¿Cuándo se hizo?
  • ¿En dónde se hizo?
  • ¿Qué función tiene?
  • ¿Qué representa?
Figura 3. El asiriólogo Irving Leonard Finkel (1951- ) sostiene la tablilla babilónica (c. 1800 a.C.) con la “nueva” (descubierta en 2014) narración del diluvio universal de los acervos del British Museum.
Figura 3. El asiriólogo Irving Leonard Finkel (1951- ) sostiene la tablilla babilónica (c. 1800 a.C.) con la “nueva” (descubierta en 2014) narración del diluvio universal de los acervos del British Museum.

A manera de conclusión

En las líneas anteriores sólo mencioné algunos de los conceptos y vicisitudes –los que considero más relevantes- del trabajo curatorial. Éstos, y muchos otros más, han sido tratados con más profundidad en varias publicaciones especializadas, como las que se mencionan en las referencias bibliográficas de este texto. Sin embargo, es necesario aclarar que no existe una “receta única” para poder realizar una curaduría eficiente, ya que ésta depende de muchos factores, tanto objetivos como subjetivos, que influyen en la creación de un discurso museístico que pueda resultar relevante. Por último, me parece que la reflexión de María Ivonne Pini de Lapidus pude aplicarse a varios museos de antropología, como es el caso de la célebre y multiatávica casa de las musas de Moneda 13:

Todo este trabajo de investigación con la arqueología, la etnografía, la historia y el arte debe ser mostrado de tal manera que se convierta en componente clave para comprender los modelos culturales por los que el país ha pasado. La investigación orientada en tal dirección no se quedaría en la preocupación del erudito, sino que intentaría aportar elementos para que el heterogéneo público que recibe el Museo se aproxime a la complejidad que encierra el fenómeno arqueológico, etnográfico, histórico y artístico. El problema no es sólo qué se muestra, sino por qué se hace, evitando que se desvíen los objetos del ámbito social o cultural al cual pertenecen. Es posible aprovechar el conocimiento académico de un museo con colecciones especializadas para acceder a procesos no eruditos, ir más allá de los mismos objetos y que puedan insertarse en un contexto que aporte no sólo en la percepción de la arqueología, la etnografía, la historia o el arte, sino de sus relaciones afectivas con el entorno. (Pini, 2001: 367).

Bibliografía de consulta

Caballero Zoreda, Luis

1986. “Del Objeto al público. El informador en los Museos.” en: Boletín de la ANABAD. Tomo 36, N. 1-2. Ed. Asociación Nacional de Archiveros, Bibliotecarios, Arqueólogos y Documentalistas. Madrid, España. pp. 259-280.

Cameron, Fiona & Mengler, Sarah

2009 “Complexity, Transdisciplinarity and Museum Collections Documentation: Emergent Metaphors for a Complex World” en: Journal of Material Culture N. 14 (Hannah Knox, Editor). Ed. SAGE Publishing. Thousand Oaks, California USA. pp. 189-218.

López Barbosa, Fernando & García Bernal, Óscar Javier

1997 Código de ética profesional de los Museos ICOM. Adoptado por el Consejo Internacional de Museos (ICOM). ICOM-UNESCO & Ed. Instituto Colombiano de Cultura, Museo Nacional de Colombia, Fonade. Bogotá, Colombia.

Pini de Lapidus, María Ivonne

2001 “Investigación, Público y Museo.” en: La arqueología, la etnografía, la historia y el arte en el Museo en el Museo Nacional de Colombia. Ed. Ministerio de Cultura, Museo Nacional de Colombia. Bogotá, Colombia. pp. 1-8.

Prott, Lybdek V.

2002 Normas internacionales sobre el patrimonio cultural. Ed. UNESCO. París, Francia. cfr.: http://132.248.35.1/cultura/informe/Art14.htm consultado el 25 de Enero de 2019.

Restrepo Figueroa, Juan Darío

2009 Curaduría en un Museo. Nociones básicas. Cristina Lleras Figueroa (Coordinación de contenidos). Ed. Ministerio de Cultura, Museo Nacional de Colombia, Red Nacional de Museos. Bogotá, Colombia.

Schärer, Martín R.

2000 “Le musée et l’exposition: variation de langages, variation de signes” en: Comité International de l’ICOM pour la muséologie. Col. Cahiers d’étude. ICOFO N. 8 Ed. International Council of Museums. Paris, Francia. pp. 9-10.

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Una mirada a la obra de Ahmed Abdel-Wahab en la Bibliotheca Alexandrina.

Este artículo se encuentra publicado en: Egiptología 2.0 N. 15 (Abril, 2019), Ed. Ushebtis Egipcios. Barcelona, España. [ISSN: 2444-6254] pp. 63-69. cfr.: http://egiptologia20.es/una-mirada-a-la-obra-de-ahmed-abdel-wahab-en-la-bibliotheca-alexandrina

En una reciente visita al antiguo país del Nilo, en la mediterránea الإسكندرية‎ al-ʾIskandarīyah, “Alejandría” que fundase, en el año 331 a.C., el célebre Ἀλέξανδρος ὁ Μέγας Aléxandros ho Mégas, “Alejandro Magno” (356-323 a.C.) tuve la oportunidad de admirar algunas de las obras más emblemáticas de Ahmed Abdel-Wahab, prolífico artista plástico y figura eminente entre los escultores egipcios del siglo XX y XXI. Las mencionadas piezas componen una muestra museística en el área de exposiciones permanentes de la مكتبة الإسكندرية Maktabat al-ʾIskandarīyah, la “nueva Bibliotheca Alexandrina” que además de ser un monumental repositorio de acervos bibliográficos, también funge como un importante centro cultural y museo.

Ahmed Abdel Wahab Mohamed Aly (1932- ), mejor conocido con su nombre artístico: Ahmed Abdel-Wahab nació en la ciudad de طنطا‎ ṭanṭaTanta”, en la gobernación de محافظة الغربية‎ Muḥāfẓet El Gharbeya “Al-Gharbia”, que se sitúa a 90 kilómetros de القاهرة‎ al-Qāhirah “El Cairo” y a unos 130 kilómetros de Alejandría. Desde muy joven se interesó por las obras de los mercados de artesanías de su localidad y comenzó a experimentar con diversos materiales como madera, metal y piedra caliza para crear sus primeras esculturas; unos años más tarde se mudó a El Cairo, llevando consigo un rico bagaje cultural rural y folklórico. Se matriculó en la Facultad de Bellas Artes, en el Departamento de Dibujo y Pintura, pero pronto cambió a la escultura bajo la tutela de dos grandes maestros: Ahmed Osman (1907-1970) y Gamal El-Sagini (1917-1977) y recibió su título en el año de 1957. Después, en 1958, obtuvo una beca para estudiar en el Atelier de Luxor; esta estancia en el Alto Egipto tuvo una importante influencia en el artista y su obra, ya que visitó y estudió las proporciones y formas de los grandes templos del Reino Nuevo (c. 1539-1077 a.C.); así como las rústicas aldeas rurales de mediados del siglo XX, buscando un auténtico “espíritu egipcio” que conectase el pasado y el presente. Tras una década de arduo trabajo obtuvo, en 1968, una beca por tres años para estudiar una especialidad en escultura en la Accademia di Belle Arti di Roma, Italia en donde también se unió al estudio del artista Emilio Greco (1913-1995) y se familiarizó con el arte occidental, sobre todo del Quattrocento y Cinquecento del Renacimiento Italiano, hecho que influyó en todo su trabajo futuro, pero sin comprometer su propia visión y estilo; ya que este encuentro con el arte europeo consolidó su amor y fascinación por los cánones de representación del antiguo Egipto. En 1970 también obtuvo un diploma por estudios de arte medallístico en Italia.

A lo largo de su vida y carrera artística Ahmed Abdel-Wahab ha representado a Egipto en muchas exposiciones internacionales y se le han otorgado varias condecoraciones y galardones; uno de los más prestigiosos, el Nile State Awards for appreciation, excellence and encouragement in the fields of arts lo obtuvo en 2002 en reconocimiento por su valor artístico y talento de nivel internacional. Las obras de este artista se encuentran en el Museo de Arte Moderno en El Cairo, el Museo de Bellas Artes en Alejandría, el Museo de la Facultad de Bellas Artes en El Cairo y el Museo de Arte Moderno en Praga, República Checa; así como en prominentes colecciones privadas egipcias y europeas.

Ahmed Abdel-Wahab ha dedicado su vida y experiencia artística a una búsqueda de un carácter contemporáneo que sirva de modelo para crear una escultura “puramente” egipcia. Se vio atraído hacía la figura del faraón Akhenatón (c. 1353-1336 a.C.), en quien percibió rasgos nobles y contemplativos que encarnaban una profunda piedad. En este sentido, representó la figura y rasgos del mencionado monarca en distintos personajes y de diferentes maneras (ver figuras 1, 2, 7, 14 y 17), en las cuáles mantuvo la esencia de ese estado de contemplación y piedad humana. La obra de este artista se compone de múltiples esculturas en gran y pequeña escala, así como de relieves que prestan una prodigiosa atención a los detalles y a la ornamentación (ver figuras 1, 2, 3, 4 y 5). Sus composiciones incluyen conjuntos rítmicos en los que une, generalmente, figuras triangulares y romboidales por medio de coloridas líneas; de tal manera recurre a la abstracción de la forma para enfatizar la masa y lograr proyecciones dramáticas, las cuales enfatizan los conceptos de sacralidad y misticismo. Sus temas estriban entre la representación de personas comunes del pueblo (ver figuras 3, 5, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 18 y 19) y personajes semi-divinos (ver figuras 1, 2, 4, 6, 7, 14, 15 y 16); en ambos casos logra transmitir un carácter de pureza y eternidad que se conecta con el arte del Egipto faraónico. Para crear sus obras Ahmed Abdel-Wahab utiliza materiales tradicionales y contemporáneos como: piedra, barro, cerámica vidriada, bronce, poliéster con metal y cemento con grafito, este último para evocar los bloques de basalto y granito negro utilizados en el antiguo Egipto. A continuación, y haciendo caso al viejo adagio que reza: una imagen vale más que mil palabras, en este breve artículo se muestran algunas fotografías, tomadas en Diciembre de 2018 por quien estas líneas escribe, de algunas de las más representativas obras de Ahmed Abdel-Wahab que se encuentran en la Bibliotheca Alexandrina.


Figura 1. La familia biblioteca, 2005, poliéster y hierro moldeado, Ahmed Abdel-Wahab. Bibliotheca Alexandrina, Egipto. Fotografía de Gerardo P. Taber, 2018.

Figura 2. Detalle de La familia biblioteca, 2005, poliéster y hierro moldeado, Ahmed Abdel-Wahab. Bibliotheca Alexandrina, Egipto. Fotografía de Gerardo P. Taber, 2018.

Figura 3. Procesión de damas egipcias, c. 2000, cemento con grafito moldeado, Ahmed Abdel-Wahab. Bibliotheca Alexandrina, Egipto. Fotografía de Gerardo P. Taber, 2018.

Figura 4. Damas egipcias, c. 1990, cemento moldeado y tallado, Ahmed Abdel-Wahab. Bibliotheca Alexandrina, Egipto. Fotografía de Gerardo P. Taber, 2018.

Figura 5. El rostro de una chica, 2007, cerámica modelada y pintada, Ahmed Abdel-Wahab, Bibliotheca Alexandrina, Egipto. Fotografía de Gerardo P Taber, 2018.

Figura 6. Cabeza de toro, 1972, bronce moldeado, Ahmed Abdel-Wahab. Bibliotheca Alexandrina, Egipto. Fotografía de Gerardo P. Taber, 2018.

Figura 7. Tablero de ajedrez, 2006, piedra tallada y policromada, Ahmed Abdel-Wahab. Bibliotheca Alexandrina, Egipto. Fotografía de Gerardo P. Taber, 2018.

Figura 8. Una chica de Nubia, 1998, cerámica modelada y pintada, Ahmed Abdel-Wahab. Bibliotheca Alexandrina, Egipto. Fotografía de Gerardo P. Taber, 2018.

Figura 9. Cabeza de chica, c. 1998, cerámica modelada y pintada, Ahmed Abdel-Wahab. Bibliotheca Alexandrina, Egipto. Fotografía de Gerardo P. Taber, 2018.

Figura 10. Busto de mujer, c. 1980, piedra tallada, Ahmed Abdel-Wahab. Bibliotheca Alexandrina, Egipto. Fotografía de Gerardo P. Taber, 2018.

Figura 11. Retrato de una chica egipcia, 2002, bronce moldeado y pulido, Ahmed Abdel-Wahab. Bibliotheca Alexandrina, Egipto. Fotografía de Gerardo P. Taber, 2018.

Figura 12. Busto de una chica egipcia, c. 1960, estuco modelado y tallado, Ahmed Abdel-Wahab. Bibliotheca Alexandrina, Egipto. Fotografía de Gerardo P. Taber, 2018.

Figura 13. Busto de una chica egipcia, c. 1980, bronce moldeado, Ahmed Abdel-Wahab. Bibliotheca Alexandrina, Egipto. Fotografía de Gerardo P. Taber, 2018.

Figura 14. Toshka, 2003, hierro moldeado y cemento moldeado con grafito policromado, Ahmed Abdel-Wahab. Bibliotheca Alexandrina, Egipto. Fotografía de Gerardo P. Taber, 2018.

Figura 15. Justicia Judicial, 1987, hierro moldeado y cemento moldeado con grafito, Ahmed Abdel-Wahab. Bibliotheca Alexandrina, Egipto. Fotografía de Gerardo P. Taber, 2018.

Figura 16. Detalle de Justicia Judicial, 1987, hierro moldeado y cemento moldeado con grafito, Ahmed Abdel-Wahab. Bibliotheca Alexandrina, Egipto. Fotografía de Gerardo P. Taber, 2018.

Figura 17. Chica egipcia, c. 2000, bronce moldeado, Ahmed Abdel-Wahab. Bibliotheca Alexandrina, Egipto. Fotografía de Gerardo P. Taber, 2018.

Figura 18. El caballero del campo, 1958, cerámica modelada y pintada, Ahmed Abdel-Wahab. Bibliotheca Alexandrina, Egipto. Fotografía de Gerardo P. Taber, 2018.

Figura 19. Caballo, c. 1970, bronce moldeado, Ahmed Abdel-Wahab. Bibliotheca Alexandrina, Egipto. Fotografía de Gerardo P. Taber, 2018.

Como colofón, valga mencionar que la obra de Ahmed Abdel-Wahab constituye un magistral ejemplo de que el arte contemporáneo egipcio puede proponer nuevos discursos estéticos (cfr.: Osman, 2011 y Sooud Al Qassemi, 2017) y al mismo tiempo hundir sus raíces en el pasado más remoto. Personalmente, considero que resulta conmovedor comprobar que sus personajes y temas hacen un claro homenaje a los antiguos artistas faraónicos, quienes siempre buscaron plasmar los elementos físicos y metafísicos de la tierra del Nilo, como lo mencionase el egiptólogo británico Cyril Aldred (1914-1991) en uno de sus ya clásicos estudios sobre el arte del Reino Antiguo (c. 2543-2120+25 a.C.):

La sorprendente delicadeza y minucia del tallado y el sensible dibujo dan la impresión de una suprema y artística maestría, incluso en los fragmentos rotos que han sobrevivido… Pero, como comúnmente se da en el pensamiento egipcio, donde existe significado en distintos niveles al mismo tiempo, estas escenas expresan uno de los más tempranos intentos del Hombre para llegar a un acuerdo con el universo a su alrededor reduciéndolo a un sistema ordenado. La creación del mundo era simbolizada por el surgimiento de la nueva tierra como la Colina Primordial de las aguas de la inundación al retirarse el Nilo. El mundo de la naturaleza era representado por escenas de caza, pesca y caza de aves, la propagación de animales y los trabajos de la agricultura, desde la siembra y la cosecha hasta la apicultura y ganadería. Finalmente, los logros del Hombre fueron registrados, ya sea como artesano, administrador o guerrero. En estas escenas, de hecho, corre un hilo conductor del Hombre en todas sus actividades desde los juegos de su infancia hasta los solemnes ritos en la puerta de su tumba… De estos coloridos relieves es de donde ganamos una imagen vívida e íntima del campo en el antiguo Egipto durante el Reino Antiguo, una vida muy ocupada observada con amabilidad -y humor- los deportes de campo en las marismas y los wadi, los incidentes de la vida pastoral, el navegar en el Nilo, las artesanías de la ciudad, la buena vida en el campo, música, juegos y bailes. Hay un fugaz entusiasmo por la vida en estos relieves que están en dramático contraste con la eterna calma de una existencia espiritual evidente en las representaciones del dueño y su familia. Los labradores pueden contender con su recalcitrante asno, pero ningún desacuerdo acompaña el seguro alancear de los peces por su maestro. Los barqueros pueden pelear entre ellos en el agua -los mejores se miran impacientemente, siguiendo los preceptos que los educados leyeron en sus libros de instrucción- para, satisfactoriamente, cultivar el ideal del Hombre: ser tranquilo, modesto, paciente y benevolente. (Aldred, 1965: 126-129).

Bibliografía citada

Aldred, Cyril
1965 Egypt to the end of the Old Kingdom. Ed. Thames and Hudson. London, UK.

Bibliotheca Alexandrina
2018 Selected Artworks of Ahmed Abdel-Wahab. cfr.: https://www.bibalex.org/en/center/details/AhmedAbdelWahab revisado el 28 de Marzo de 2019.

Fine Art Sector
2018 Ahmed Abdel Wahab Mohamed Aly CV. cfr.: http://www.fineart.gov.eg/eng/cv/cv.asp?IDS=650 revisado el 28 de Marzo de 2019.

Osman; Ahmed Zaki
2011 “The 1952 Revolution: A Legacy of Cultural Transformation.” en: Egypt Independent. Ed. Al-Masry Al-Youm. cfr.: https://ww.egyptindependent.com/1952-revolution-legacy-cultural-transformation/ revisado el 28 de Marzo de 2019.

Sooud Al Qassemi, Sultan
2017 “The Politics of Egyptian Fine Art. Giving a Voice to the People.” en: The Century Foundation 1919-2019. cfr.: https://tcf.org/content/report/politics-egyptian-fine-art/ revisado el 28 de Marzo de 2019.

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Un pequeño rincón para la egiptología mexicana.

A pesar de que existe pleno interés en México por el estudio del antiguo Egipto, la realidad es que la egiptología mexicana aún se encuentra en un estado embrionario. Son muy pocas las personas que se aventuran a estudiar una licenciatura en alguna de las especialidades de la antropología -como arqueología y lingüística- y que están dispuestas a emprender un análisis serio y académico de los diversos aspectos de la cultura del Egipto faraónico.

Por fortuna, existen jóvenes que se han acercado al proyecto Kemet en Anáhuac, que tiene su sede en el humilde cubículo dedicado a la curaduría del Egipto faraónico & Mediterráneo antiguo del Museo Nacional de las Culturas.

Poco a poco, ellos se adentran más en el estudio de la cultura del antiguo país del Nilo y analizan las escasas obras faraónicas que se resguardan en el venerable museo de la calle de Moneda. Esperamos que en el futuro cercano, ellos revitalicen la egiptología mexicana.

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La historia de Egipto en 5:31 minutos

En muchas ocasiones -definitivamente más de las necesarias- tengo que trabajar durante toda la noche y parte de la madrugada, con el fin de avanzar en los múltiples proyectos en los que estoy envuelto. Para no volverme loco (bueno, más de lo que ya estoy) me pongo a ver y a escuchar vídeos musicales y documentales en esa cosa del YouTube © y resulta que me encontré con este maravilloso vídeo que refleja muy bien muchos aspectos de la cultura egipcia: desde el período faraónico, hasta el Egipto contemporáneo. La música de este vídeo es una obra original del compositor Jesús Calderón mientras que las imágenes provienen de muchos de los documentales de Discovery Channel, Histiory Channel, National Geographic, BBC y de otras series más. Creo que este vídeo es una composición magistral, tanto en imágenes como en vídeo (aunque cae en algunos clichécomo lo de la “maldición” de Tutankhamón) pues en unos pocos minutos, se narra la historia del país del Nilo desde la época de las pirámides, pasando por las campaña de Napoleón y el trabajo de los egiptólogos, la vida en el Egipto contemporáneo, hasta concluir con imágenes de las obras en los museos. Este vídeo es uno de los primeros de una serie que esta haciendo Jesús Calderón, como lo menciona en el propio youtube.

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“En arqueología es un …

Masters - William Matthew Flinders Petrie

Sir. William Matthew Flinders Petrie

“En arqueología es un crimen imperdonable destruir la evidencia que no se puede recuperar jamás; y cada hallazgo implica una destrucción de la evidencia a menos que se le registre inteligentemente.” Sir. William Flinders Petrie.1904:48.

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