Egiptología

Catástrofe para la humanidad: el incendio del Museu Nacional de Brasil y la probable perdida de su colección del Egipto faraónico.

El pasado domingo 2 de Septiembre de 2018 el mundo se conmocionó al recibir la noticia, y las dantescas imágenes, de un voraz incendio (que inició aproximadamente a las 19:30 horas, tiempo de Brasil) en el parque Quinta da Boa Vista, en la ciudad de Rio de Janeiro, que inexorablemente consumía el Palácio de São Cristóvão, sede del Museu Nacional, vinculado a la Universida de Federal do Rio de Janeiro (UFRJ).

Vista del incendio del Museu Nacional de Brasil, domingo 2 de Septiembre de 2018. Fotografía de Reuters.

Vista del incendio del Museu Nacional de Brasil, domingo 2 de Septiembre de 2018. Fotografía de Reuters.

 

Este recinto, uno de los más grandes en Latinoamérica e importantes del orbe, celebró el pasado 6 de Junio 200 años de su fundación; siendo la institución científica más antigua del Brasil. En sus más de 13,000 metros cuadrados se resguardaban 20,000,000 (veinte millones) de piezas entre colecciones geológicas, botánicas, zoológicas, paleontológicas, etnográficas y arqueológicas, entre estas últimas se encontraban obras de los pueblos precolombinos de Brasil, de América, del Mediterráneo antiguo y del Egipto faraónico. Esta última, la más grande de América Latina, llegó al Brasil en 1826, cuando un comerciante italiano de nombre Nicolás Fiengo trajo desde Marsella (Francia) cientos de antigüedades procedentes de las excavaciones del célebre explorador Giovanni Battista Belzoni (1778-1823) en los templos y necrópolis de la antigua Tebas (actual Luxor). Esta colección fue adquirida por el Emperador Don Pedro I de Brasil y IV de Portugal (1798-1834) quien los donó al entonces llamado Museo Real, que se fundó en 1818. Entre estos artefactos destacan los ataúdes de Hori, Harsiese y Pestjef. Después, su hijo Don Pedro II de Brasil “el magnánimo” (1825-1891) al visitar, en 1876, el país del Nilo recibió de parte del Khedive de Egipto y Sudan Isma’il Pasha (1830-1895) el hermoso ataúd policromado de Shaamonemsu, una de las joyas del museo. En los siguientes años la colección egipcia se incrementó con más artefactos de donaciones de particulares y llegó a constar de alrededor de 700 piezas.

 

Detalle del ataúd policromo de Shaamonemsu. c. 750 a.C. Dinastía XXIII. Fotografía de Luiza Osorio G. da Silva, Antonio Brancaglion/Museu Nacional de Brasil.

 

Detalle del ataúd policromo de Hori, c. 1100-1050 a.C. Dinastías XX-XXI. Fotografía de Luiza Osorio G. da Silva, Antonio Brancaglion/Museu Nacional de Brasil.

Vista de una de las salas del antiguo Egipto del Museu Nacional de Brasil. Fotografía de Wikimedia Commons.

Vista de una de las vitrinas con estelas del antiguo Egipto del Museu Nacional de Brasil. Fotografía de Wikimedia Commons.

 

Una relación poco conocida que tiene México con la colección brasileña es que es producto de la voluntad ilustrada de un descendiente de la Casa de los Habsburgo; ya que el emperador Don Pedro II fue hijo de la archiduquesa de Austria, Maria Leopoldine von Habsburg-Lothringen, quien a su vez fue tía de Ferdinand Maximilian Joseph Maria von Österreich von Habsburg-Lothringen (1832-1867) -popularmente conocido como Maximiliano I de México- quien también deseó dotar, en 1866, al insigne museo de la calle de Moneda N. 13 de una colección de 1200 piezas del antiguo Egipto.

El emperador Don Pedro II de Brasil (c. 1875). Fotografía de Wikimedia Commons.

El emperador Maximiliano I de México (c. 1865) Fotografía de Wikimedia Commons.

 

En lo que respecta a la colección del país del Nilo que resguardaba el museo brasileño, ésta era estudiada por Seshat – Laboratório de Egiptologia do Museu Nacional, UFRJ (http://www.seshat.com.br); proyecto dedicado específicamente a la arqueología del antiguo Egipto que reúne académicos que participan en investigaciones sobre religión, rituales funerarios, paisaje, arte y nuevas tecnologías. Los proyectos desarrollados por Seshat están vinculados a la investigación, educación y extensión universitaria por medio de diplomas de posgrado dictados por investigadores procedentes de universidades de Brasil, Portugal, España y Francia. Hoy, más que nunca, el registro y los análisis que realizó Seshat serán de gran ayuda para preservar la memoria de esas obras del antiguo país del Nilo; إن شاء الله‎ (ʾInshāʾa llāh) “quiera dios” que algunos artefactos hayan sobrevivido al fuego, aunque el panorama, en este caso, parece desalentador, ya que el área donde se encontraban las salas egipcias parece que fue una de las más afectadas por el fuego.

Plano de localización de la salas y colecciones del Museu Nacional de Brasil. Infografía de Graphic News.

Vista del Museu Nacional de Brasil después del incendio, lunes 3 de Septiembre de 2018. Fotografía de AFP.

La posible causa de este siniestro puede estar relacionada con la caída de un globo aerostático en el techo del edificio. De acuerdo con Sergio Sá Leitao, ministro de Cultura de Brasil, los globos llamados ‘baloes’ que se usan durante las fiestas “juninas” a mitad de año en el país pueden alcanzar varios metros de altura ya que utilizan combustible. Aunque otra hipótesis del origen del fuego es que hubo un corto circuito en el laboratorio audiovisual. Por su parte, Roberto Leher, rector de la UFRJ, opina: “…es obvio que la forma del combate al fuego no guardó proporción con tamaño incendio. Percibimos claramente que faltó logística y capacidad de infraestructura del Cuerpo de Bomberos para dar cuenta de un acontecimiento tan devastador”. Esta afirmación la corrobora uno de los integrantes (que prefiere mantenerse en el anonimato) del propio cuerpo contra incendios, quien comentó: “…tomó tanto tiempo apagar el fuego, porque no había la presión suficiente de agua para actuar; además de que el edificio no tenía un sistema adecuado de prevención y detección de incendios.” Y en efecto, el museo no contaba con sistema alguno; aunque se proyectaba instalarlo en un futuro con un crédito que daría el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES). En este sentido, pese a su magnificencia e importancia, el Museu Nacional de Brasil enfrentaba restricciones presupuestarias desde hacía varios años. De tal manera, las voces de la cultura brasilera se levantan para decir: “Es una negligencia criminal con la cultura, la historia, el pasado y, también el futuro. La destrucción del Museo Nacional es, también, la aniquilación de parte de la civilización brasileña. Y desde ese lugar asume una dimensión simbólica siniestra en este momento en que Brasil parece disolverse en nuestras manos”. Entre lamentos y la inmediata búsqueda por culpables, está el desahogo del urbanista Washington Fajardo, ex presidente del Consejo Municipal del Patrimonio Cultural de Río de Janeiro, quien opina: “Que las generaciones futuras nos perdonen. Somos la gran nación desmemoriada, vagando por el cosmos sin saber lo que fuimos, o que podemos, o soñamos. Ahora son cenizas aquello que debería inspirar a los jóvenes a guiar la nación”.

Pero, en medio de la tragedia, empiezan a llegar noticias que dan un poco de esperanza: por fortuna las colecciones científicas de ornitología, mamiferología, herpetología, ictiología, botánica y la biblioteca científica del Museu Nacional no sufrieron ningún daño ya que están albergadas en otro edificio aledaño, como se muestra en el recuadro azul de la imagen de Fernando Luiz Kilesse Salgado y Daniel Paz Decanini.

Vista del parque Quinta da Boa Vista. Fotografía de DigialGlobe de Google y anotaciones de Fernando Luiz Kilesse Salgado y Daniel Paz Decanini.

 

Por último, valga mencionar, que quien estas línea escribe, junto a todos los compañeros del Museo Nacional de las Culturas del Mundo en México, se une al gran luto por la perdida de tan vasto e invaluable acervo, patrimonio de todo el orbe. Si podemos ayudar en algo, no duden en pedirlo hermanos brasileños.

 

Gerardo P. Taber

Ciudad de México, Septiembre de 2018.

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En busca del oro líquido de los faraones. Recreación de una cerveza del antiguo Egipto desde la arqueología experimental. Parte I.

Y fueron semanas intensas de trabajo junto con Miguel Valdes y Oskar Pesci y de días sin dormir, revisando jeroglíficos con ayuda de Rodrigo Cervantes Shemsu Cthulu, en plenas vacaciones “santas”. Pero, al ver el resultado final -por parte del comité editorial de Egiptología 2.0- del artículo sobre la ḥ(n)ḳt (heneqet); creo que Hathor, diosa patrona de la cerveza y de todas las cosas agradables de la vida, estará feliz de que sus dones se den a conocer en las tierras del Anáhuac. Este texto (que se encuentra en las páginas 78-91) y muchos más de la Revista Egiptología 2.0 N. 11 (Abril 2018) se puede descargar ¡Totalmente Gratis¡ desde este link:

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https://goo.gl/do7Hjb
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El abstract (resumen) de este artículo es:

Una de las bebidas que más se consume alrededor del orbe es la cerveza; la cual, por lo general, se asocia a momentos de relajación, festividad y camaradería. Este brebaje, que acompaña a la humanidad desde hace varios milenios, cuenta con una larga y rica historia llena de leyendas y mitos que se pierden en la noche de los tiempos. Al parecer, en su origen muchos de los pueblos neolíticos del medio oriente desarrollaron métodos similares para fermentar cereales cultivados -y productos derivados de ellos- y es probable que las cerveza se haya “descubierto” al elaborar pan, ya que parte de su proceso de preparación es similar. En el caso del antiguo país del Nilo, esta bebida fue un importante elemento de la dieta que aportó gran parte de la energía necesaria para que pudiese desarrollarse la cultura del Egipto faraónico, y fue tan apreciada que incluso se deseó continuar consumiéndose en el Más Allá. Evidencia de ello se encuentra en las ofrendas funerarias que desde el Período Predinástico (c. 5300-3000 a.C.) incluyen contenedores que se destinaron a preservar y servir ḥ(n)ḳt (heneqet) “cerveza” para toda la eternidad. Cabe señalar, que esta bebida es uno de los logros gastronómicos más importantes del mundo antiguo y hasta hace relativamente poco tiempo se investiga en su justa dimensión. Por tales motivos, en este texto, que constará de dos entregas, expongo algunos de sus rasgos más característicos -tanto simbólicos como técnicos- y también presento, con el objetivo de comprender un poco más sobre sus procesos de manufactura, los pasos de elaboración de una recreación de un tipo de cerveza del Egipto faraónico, desde la perspectiva de la llamada “arqueología experimental”; como parte de una iniciativa auspiciada por el Museo Nacional de las Culturas del Mundo y la Cervecería Artesanal 8 Almas de México.

 

 

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Artículo: Khaemwaset, el primer egiptólogo.

La revista Egiptología 2.0, en su segundo número (Enero 2016) publicó un artículo de mi autoría sobre uno de los más interesantes, y poco conocidos, personajes del Egipto faraónico: “Khaemwaset, el primer egiptólogo” (pp. 52-61). Además, el número trata muchos temas sobre el arte del período de Amarna -y otros más- lo que de seguro es de interés para muchas personas. El abstract (resumen) de este artículo es:

Al escuchar el vocablo “egiptólogo” por lo general éste se asocia a la imagen de un intrépido explorador, quien se interna en las arenas interminables del desierto para descubrir una tumba -llena de tesoros- que había permanecido oculta por milenios. Sin embargo, este personaje hace alusión a un tipo de académico que surgió en las postrimerías del siglo XVIII e inicios del XIX. En ese caso, otras preguntas pueden formularse: ¿antes de esas fechas existían egiptólogos? y ¿quién fue el primer egiptólogo? Las respuestas a estas interrogantes pueden encontrarse en el mismo Egipto faraónico, en el siglo XIII a.C., época en que vivió un personaje llamado Khaemwaset. La pregunta natural que el avezado lector puede formular es: ¿quién fue ese tal Khaemwaset y que relación tiene con la egiptología, aparte de su nombre, que tiene toda la pinta de ser del antiguo Egipto?

Se puede descargar toda la revista en el siguiente link:

https://goo.gl/e1xCcg

Agradezco a Moisés González Sucías y a todo el equipo de Ushebtis Egipcios por su excelente trabajo.

Ramses II - Beit el-Wali - British Museum Cast - Detail 05

Khaemwaset - Serapeum Burial - Musee Du Louvre 10-LR

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¿Qué significa Kemet en Anáhuac?

Kemet es un vocablo en egipcio antiguo que literalmente significa: “la tierra negra” es decir, la tierra fértil de las riberas del río Nilo. Por extensión,  este nombre designó al territorio controlado por el poderío faraónico.

Anáhuac es un vocablo en náhuatl clásico que significa: “la tierra rodeada por agua” que designaba al territorio entre los océanos Pacifico  y Atlántico que era controlado por el poderío mexica.

De tal manera, el enunciado “Kemet en Anáhuac” se utiliza como un símil para expresar “Egipto en México”. Que es justo de lo que trata este Blog.

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